13.11.11

Entrelibros

Debería existir un nombre para el espacio de tiempo que hay entre el final de la lectura de un libro hasta el comienzo de la de otro. Entrelibros es una opción.

He leído los agradecimientos de Kirmen Uribe en el libro Bilbao-New York-Bilbao. He cerrado el libro. He pensado en él.

Un libro tranquilo; nada sucede del todo. Pero ha sucedido porque ya pasó. Un relato moderno de una parte de la sociedad vasca entrelazando varias generaciones. Una memoria familiar que, en cierta medida, a través de no demasiado largas anécdotas le sirve para contar cómo éramos y somos, de qué manera se han gestado relaciones no del todo convencionales. La relación entre los seres humanos, y la de estos con la Naturaleza, y mucho de la naturaleza de nuestra propia especie que, al fin y al cabo, se ve proyectada con total intesidad cuando nos relacionamos. Un libro tranquilo que resulta agradable leer. A ratos parece una conversación en la que uno cuenta a otro, el lector, lo que se le va ocurriendo saltando de historia en historia porque la primera le trae la segunda a la mente. Una conversación ante un café en algunos momentos y ante cervezas en otros.

Me he acercado a la librería y he dejado el libro recién terminado en su lugar. Me he sentado en la silla y me he querado mirando los libros. A veces uno sabe lo que leerá después de haber leído y otras veces no tiene la más remota idea. Y en esta última situación he léido los títulos de los libros que no he explorado. He tenido dudas. Cómo si fuera tan trascendental qué leer primero. Pero en realidad es importante. He pensado en cómo me siento, en cómo estoy. Cuando decimos que esto o lo otros nos apetece o no es por eso mismo. Es porque nos encontramos en una situación determinada que nos está pidiendo esto o aquello. Y que de ninguna manera tolerará eso otro. Al final me he decidido por volver a Javier Marías. Voy a empezar su última novela "Los enamoramientos". No es arriesgado; creo que siempre me apetece Javier Marías. 

He vuelto al salón y he recordado que Amets me trajo un poema de un hombre que los escribe en la Gran Vía de Madrid. Cómo es a veces el tiempo que no me permite hacer las cosas que he pensado hacer y que me apetece hacer. En este caso leer ese poema. Debí hacerlo la misma noche que fui a buscar a Amets al aeropuerto pero he tardado una semana. Un segundo ya no dura un segundo. He leído el poema. Me ha costado entender algunas palabras. No su significado sino entender cuál era la palabra que estaba escrita. Quizás esté acostumbrándome demasiado a los caracteres informáticos y estoy olvidando leer las palabras escritas con un bolígrafo sobre un papel. Es un poema de amor. Se titula "El sueño".

He escrito esta entrada. Estoy en tiempo de entrelibros.

8.11.11

El debate que hace falta

Anoche pudimos presenciar un breve resumen de lo que es nuestro sistema político. Un sistema que está diseñado para que la alternativa se resuma en dos posibilidades que, a su vez, están encantadas de haberse conocido, a sí mismas y entre ellas, porque entre las dos sostienen que sean ellas las protagonistas. El debate no existió y poco o nada aportaron si de nuevas estrategias para una sociedad mejor versaba el asunto. Porque en eso también reflejó lo que tenemos; no hay espacio para la innovación, para hacer las cosas de una manera radicalmente diferente.

Acaso el debate no deba ser entre dos señores mayores que se lanzan reproches. Acaso ese debate deba hacerlo cada individuo consigo mismo, pensando en lo que realmente siente y piensa, en qué quiere realmente y en si, para llevarlo a cabo, ha de entregar su confianza a alguno de esos dos. Acaso debamos preguntarnos si como individuos hacemos realmente algo para lograr lo que queremos del colectivo.

El debate es entre nuestra ideología y nuestra conducta.


Habrá que preguntar si Campo Vidal está libre para moderarlo.