5.3.09

Leizean Murgilduz XVII. Hasier Larretxea

Porque mi pueblo está enfermo y se mece al ritmo de los reproches, los frentes y , sobre todo, la violencia. Por eso este poeta era necesario. Porque alguien debe decir las cosas con valentía, con la mente abierta y yendo a la raíz de la espiral del absurdo y la sinrazón.

Hasier Larretxea, nacido en Arraioz (Navarra) en 1982, hasier larretxeaescribió en mi muro de Facebook, que muy pocas veces atiendo, y fue entonces cuando busqué sobre él, sobre todo tras leer el poema que el gran David había colgado en su blog. 

En cuanto pude me acerqué a comprar su libro “Azken bala /La última bala”. En él se dicen las palabras que en mi tierra tanto se esconden. Se dicen en euskera y se dicen en castellano. El libro es bilingüe como mi pueblo.  Y el libro sangra como mi pueblo pero es más osado que lo que mi pueblo llega a ser. Y dice verdades  como puños que a algunos se le pueden atragantar. Desde el conocimiento directo. Con algunos poemas puedo sentirme más identificado y con otros menos pero, al final, es el espíritu de las palabras que lo componen lo que se desprende, un espíritu que exige la paz y la razón. Por encima de todo exige el fin de lo que acaba por finalizarnos. De lo que hiere, de lo que mata. De las barbaridades que no nos dejan levantar la frente como merecemos.

En la portada una pistola y su sombra. Quizás la pistola que debería disparar la última bala. Esa última bala no es al aire, es para matar las que no han de venir detrás.

 

Nik ere

aurre egin nion poliziari.

Nik ere

“policía asesina” oihukatu nuen.

Nik ere

amorru berbera sentitu nuen

Ni ere sumindu nintzen.

Nik ere

amaiera arte borrokatu nuen.

 

Amaiera zein izan zatekeen argi nuen.

 

Hortaz,

berandu baino lehen, utzi nuen

 

Yo también

me enfrenté a la policía.

Yo también

grite “policía asesina”.

Yo también

sentí la misma rabia.

Yo también me sulfuré.

Yo también

luché hasta el final.

 

Tuve claro cuál podía ser el final.

 

Por eso,

antes que fuese demasiado tarde, lo dejé.

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Iraultzailetzat dut nire burua.

 

Bospasei gose greba egin ditut.

Hainbat kutxazain erre.

 

Hala ere,

ama eta aitarekin bizi naiz.

 

Gosaria, bazkaria eta afaria amal prestatzen dit.

Hogeita bortz urte ditut,

eta aitak 130 euro balio duten

Carthartt galtzak erosteko dirua eman.

 

Gainera,

Nafarroako Unibertsitatean,

Opusen egoitzan ikasten dut.

 

Eta Iraultzailetzat dut nire burua.

 

Egun Ché Guevararen irudia,

Maximo Duttin saltzen ikusiko dugu.

 

Iraultza ere amerikanizatua dago.

Globalizatua.

Saldua.

Zu eta ni bezala, ez pentsa.

Sólo nos queda la rumba y una buena bulería.

Me considero un revolucionario.

 

He iniciado cinco o seis huelgas de hambre.

He quemado muchos cajeros automáticos.

 

Con todo,

vivo con papá y mamá.

 

Ella me prepara el desayuno, la comida y la cena.

Tengo veinticinco años, y papá

me da dinero para comprar los pantalones Carhartt

que valen 130 euros.

 

Además,

estudio en la Universidad de Navarra,

en la sede del Opus.

 

Me considero un revolucionario.

 

Hoy ya vemos la imagen del Che Guevara

vendida en Massimo Dutti.

 

También la revolución está americanizada,

globalizada,

vendida.

Como tú y como yo, no te creas.

Sólo nos queda la rumba y una buena bulería.*

* del grupo Ojos de Brujo

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Eraiki dezagun herria,

egunero hiru-lau bonba lehertaraziz

ingurune historikoetan.

 

Eraiki dezagun herria,

alderdi politikoen egoitzak

margo gorri-horiekin zipriztinduz

eta mehatxu hizkiekin apainduz.

 

Eraiki dezagun herria,

kutxazain automatikoak,

autobusak,

errez.

 

Eraiki dezagun herria,

horretarako guztia

suntsitu behar badugu ere.

 

Eraikitzeko

deus ere gelditzen ez bazaigu ere.

 

Construyamos un pueblo

haciendo explotar tres o cuatro bombas diarias

en cascos históricos.

 

Construyamos un pueblo

embelleciendo con pintura roja y amarilla

y con escritos amenazantes

las sedes de los partidos políticos.

 

Construyamos un pueblo,

pero quememos antes

sus cajeros automáticos,

sus autobuses.

 

Construyamos un pueblo,

aunque para ello

tengamos que destruirlo todo.

 

Aunque ya no nos quede

sobre qué construir.

 

HASIER LARRETXEA. “Azken bala/La última bala” (Editorial Point de Lunettes, Sevilla, 2008.) Traducción de Ángel Erro.

2 comentarios:

S. Dedalus dijo...

Vaya, no sabes cuánto tengo que agradecerte el enlace al blog de David. Le perdí la pista cuando cerró todo lo que tenía y no conseguí encontrarlo, así que lo di por perdido. Me alegra saber que ha vuelto, aunque voy a tener que ponerme mucho al día con las entradas que lleva publicadas.

Me encanta cuando le dejas un espacio a la poesía, por cierto.

Oskar dijo...

A mí también me costó mucho volver a dar con él. Estaba escurridizo...