6.11.08

El cambio

Me parece muy curiosa la intensidad con la que una gran parte del mundo ha seguido las elecciones de Estados Unidos. Es difícil pensar que en estos últimos meses nadie haya oído y dicho nada sobre este tema, sobre los candidatos en liza y, sobre todo, sobre la posibilidad de que las cosas cambien a raíz de los resultados.

Personas que no se interesan lo más mínimo en los procesos electorales de su propio país han puesto los cinco sentidos en el del gigante americano. Los medios de comunicación nos han bombardeado con imágenes, opiniones y chascarrillos relacionados con aquello. Han cubierto la campaña como si fuera la de nuestra casa, como si nosotros mismos hubiéramos tenido derecho a votar. Sobre esto último añado que además no es raro escuchar que deberíamos tenerlo, que al fin y a la postre, lo que allí sucede, llega rebotado a cada esquina del mundo.

Estoy de acuerdo en que la política estadounidense influye más que ninguna otra en el devenir del resto del mundo, sin duda la economía mundial se cuece en Wall Street en gran medida y es lógico que nos interesemos por lo que sucede al otro lado del charco. Pero creo que el error mayor, o lo más absurdo, ha sido y es ese halo de esperanza con el que se ha pretendido y pretendemos envolver al futuro inquilino de la Casa Blanca.

Desde que todo empezó Barack Obama ha supuesto para Europa, esa más que discutible garante de los derechos sociales, el cambio que los yanquis necesitaban para parecerse un poco a nosotros. Y es que parecerse a nosotros debe ser la releche por lo visto. Pero Barack Obama es un político del Partido Demócrata, es decir, de uno de los dos partidos que sustentan todo el tinglado.

El Partido Demócrata no es un partido socialista, ni de izquierdas, ni nada que se le acerque a esto; han querido, interesadamente supongo, convencernos de lo contrario. En Estados Unidos se cambia de presidente y puede cambiar el partido al que represente pero por mucho cambio que griten la realidad es que estamos hablando de ideas demasiado similares y con unas bases muy sólidas a las que no van a renunciar nunca.

Ha ganado un candidato que no ha dicho apenas nada sobre sus intenciones a partir del momento en que llegue al poder en efecto. No conocemos sus planes económicos y sin embargo hemos escuchado que todo va a cambiar. Y no es así. El sistema capitalista ha fracasado, es algo que hemos podido ver y leer con nuestros ojos, la supuesta autorregulación del libre mercado no ha sucedido, se ha demostrado que la intervención de los gobiernos es clave para que no se vaya todo al garete, y sin embargo, no parece que el sistema establecido le chirríe a Obama.

Sí, es el primer presidente negro de la Historia de los EE.UU. Sí, ya nos quitamos Bush de en medio. Claro que éstas y más cosas son pasos adelante y positivos. ¡Qué bien!

Y qué bien también que sea favorable a la pena de muerte, que no haya dicho ni una sola palabra sobre Cuba, que no tenga intención de quitarles las armas a sus vecinos, que no vaya a renunciar a seguir poniendo la bota militar sobre la cabeza del perdedor crónico y que, al fin y al cabo, vaya a ser sólo un títere más en manos de las grandes empresas, de los intereses económicos y de los verdaderos dueños del mundo: los dueños del capital.

No, en lo esencial, nada va a cambiar.

2 comentarios:

.NaiD. dijo...

Si te soy sincera, yo he odio a más gente decir mejor que Mc Cain... (el de las patatas) que gente que realmente quisiese que ganase Obama. Vamos que al fin y al cabo no dejan de ser Yankies y no van a cambiar de la noche a la mañana, lo único bueno para el es que es difícil ser peor que su sucesor y que su contrincante. pero yo no se que hay en la Casa Blanca que...

En fin... no se si me he esxplicado porque estoy moribunda de cansancio y son sólo las 17.30, pero espero que se me haya entendido.

kivah dijo...

No me ha dejado comentar antes. Decía que lo que hemos hecho todos es acariciarnos el lomo con aires de moralismo. Nada más, realmente.