22.9.08

Quiero vivir en libertad, en paz y lejos de todo lo que huele a vosotros.

Vosotros ni siquiera sabéis qué buscáis mediante vuestra mierda de guerra en la que los de este bando no llevamos armas. Todos esos chavalitos que salen por las calles de nuestros pueblos portando retratos de asesinos o amigos de asesinos no tienen ni puta idea de ningún conflicto político porque no tienen ni puta idea de lo significa la política. Se creen muy valientes, muy revolucionarios, muy idealistas. Creen que tienen un enemigo asesino de la justicia y de la verdad, de los derechos humanos y la libertad. Son el romanticismo puro en sus propias cabezas. Cabezas lobotomizadas por vuestras mentiras que asumen como verdades absolutas. La verdad oficial dista mucho de la verdad real pero vuestra mentira es mentira, sin aditivos.

He tenido que levantarme de la cama para gritar en alguna parte que os odio. Sí, odio. Prefiero dejar dormir a quien no sabe aún lo que ha pasado. Serán horas, estas en las que no saben nada, que sumar a una vida más o menos feliz. A mi me habéis restado unas cuantas. Y por eso grito, aquí donde no precipito las maldades a nadie, que sois gentuza, no sois nada más que asesinos. No tenéis ninguna credibilidad de ningún tipo, no existe nada en vuestra alma, está vacía, muerta, no la tenéis. No hay objetivo loable alguno en vuestras acciones, ya nadie comparte nada con vosotros, ni medios ni metas. Vuestra única meta es la muerte del enemigo. Y repito, del enemigo desarmado. No os deseo nada bueno en vuestra vida. Lucho contra mis tentaciones de desearos la muerte, sí, la muerte, y gano. Yo gano la lucha y no me rebajo a cubrir de piedra mi corazón. Pero tampoco os deseo la vida, no lo dudéis, para mi no merecéis nada, ni siquiera la muerte, ni siquiera la vida.

Me he contenido durante todo un día. No quería decir nada de vuestro atentado contra todos los alaveses ni contra la Ertzaintza y los ertzainas. No he querido hablar sobre vuestras ansias de matar, sobre vuestra determinación inequívoca en pro de la violencia y el asesinato. Pero hoy habéis asesinado. Habéis matado a una persona. Habéis vuelto a colocar un coche bomba y habéis matado. A pocas horas de haber terminado el Día Internacional de la Paz habéis dicho bien alto que no estáis por la labor. Que a vosotros lo que os gusta es vuestra guerra en la que habéis aprendido a vivir, de la que no sabéis salir ya, de la que ni siquiera queréis salir porque no sabéis qué haríais después, porque vuestra guerra no tiene fin hasta que perdáis. Porque deben vencer los que no queremos formar parte de la contienda. Ayer, en ese Día Internacional de la Paz que al fin y al cabo para mi es sólo una anécdota, una chica de 15 años ha permanecido en un hospital, supongo que en calidad de sujeto opresor. No sé cuántos de los vuestros se habrán sentido consternados por un hecho así. Será que sentir el dolor ajeno, el de verdad, el inmerecido y no buscado, el que te toca porque pasas por ahí, ese dolor que otro sufre sin saber por qué, no tiene razón de ser, no en vuestras venas. Pero no todos sentimos igual, y algunos, una inmensa mayoría sabemos que tiene sentido. Que lo lógico es sufrir por la injusticia, nos toque o no, solo con olerla nos duele. Es vuestra lucha la obsoleta, no la nuestra.

Ahora no es una hospitalización, no estamos hablando solo de heridos. Hablamos de una vida amputada. De una raíz cortada de la que ya no brotará árbol ninguno. Eso es lo que habéis conseguido, y algunos de vosotros habréis entonado un "por fin". Explicad ahora a su familia qué mal ha hecho esa persona, decid a sus familiares que esa bomba tenía un fin justo, que tiene sentido y que no teníais otro remedio, que es por el bien de vuestro pueblo. Yo, mientras explicáis esto a su familia explicaré, si queréis, sin que me tiemble la voz, ni el pulso ni nada, y con razones de peso, os lo aseguro, a vuestros familiares por qué debéis ir a la cárcel, por qué algunos lo estáis ya. Les explicaré a qué dedicáis vuestras vidas, pero se lo explicaré de verdad, sin sentimientos artificialmente desarrollados de por medio. Les diré que quien mata no debe ni puede estar libre. Que matar es ilegal, que también lo es extorsionar, amenazar, ensalzar el genocidio y la práctica mafiosa. A ver qué cojones le vais a contar vosotros a la familia de vuestro último trofeo.

Muchas veces pienso que yo no estoy preparado para un mundo tan cruel. Para una vida tan llena de mierda. Pero quizás seáis vosotros los que no estáis preparados para ningún mundo. Para ninguna vida. De hecho, ya lo sabéis: estáis muertos por dentro.

1 comentario:

Ricardo dijo...

Lo peor de todo es que cada día que pasa, cada semana que pasa, cada mes que pasa, cada año que pasa y, sobre todo, cada muerto que pasa, tengo menos esperanza de que "éstos" se den cuenta de que no puede ser. De que necesitamos que desaparezcan de las calles.

Un abrazo solidario a las personas que conocían y querían a Luis Conde de la Cruz.