14.8.08

Estocolmo

No entiendo qué pasa por la cabeza de una mujer cuando responde con caricias a las hostias que un tipejo le regala. Hay algo en nosotros, los seres humanos, que nos acerca demasiado a veces a quienes nos agreden. Sucede cuando el verdugo está unido por fuertes nudos a la víctima. Nudos que un día dieron seguridad, estabilidad, bienestar…pero que acaban por cortar la circulación, un torniquete a la libertad.

Una mujer reniega de un hombre que está comatoso por intentar deshacer los nudos. No solo eso sino que defiende a capa y espada los puños que amoratan su vida. Y entonces encontramos que al borde de la muerte se sitúa el defensor, con un fino hilo de vida a punto de romperse. La prisión del agresor no soluciona el extraño amor que esa mujer es capaz de seguir profesando por él. El mundo siempre ha estado loco. Loco y enfermo.

No es decepción simplemente, quizás no quepa siquiera tal concepto, es algo más fuerte contra lo que es muy difícil luchar. En la televisión ponen en duda si merece la pena jugar desde fuera contra el cáncer que no ve quien lo padece. Ese es el mensaje cobarde y tan en boga que algunos no tienen reparos en promocionar. Así con todo.

No diga nada, no lo cuente, cállese. No vaya a ser que luego sea usted el que salga perdiendo.

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