19.1.08

Leizean Murgilduz XIV. Antonio Orihuela

La poesía puede ser sin duda una manera de luchar contra las injusticias, de expresar la inconformidad, de decir que ya está bien, que las cosas no tienen por qué ser así. En el poema cabe la crítica y la verdad, la REALIDAD. A veces pienso si en el poema honesto debería caber otra cosa que no fuera la Vida. Creo que no.

David González me recomendó expresamente este autor, este poeta. Si ya de por sí confié en su palabra a ciegas por los grandes descubrimientos que hace en su blog, sin duda, tras leer la antología del poeta al que dedico hoy esta sección, me reafirmo en el buen gusto del asturiano. Además es uno de los autores que aparecen en el libro nominado para los Leize Sariak 2007 "Once poetas críticos en la poesía española reciente" (Ed. Baile de Sol).

Antonio Orihuela no vuela a miles de kilómetros de las cabezas de los transeúntes; él está a ras de suelo, en las huellas que vamos dejando los seres humanos, en las huellas que nos quieren borrar, en las que nos quieren hacer creer que existen y en las que él cree que debiéramos marcar para hacer que esto que nos pasa cada día, que pasa en este mundo cada día, girase en otro sentido.

Antonio Orihuela se sincera ante una adversidad que nos intenta silenciar en más de una ocasión. Se rebela y escribe a machetazos de utopía. Antonio Orihuela grita cosas como las que podéis leer aquí:


Escribo

por no pegarme un tiro en la boca.

Y hasta escribir

se ha vuelto a veces

un tiro en la boca.

Cada vez veo más gente

con una venda

puesta en los ojos.

Incluso he visto gente que,

habiéndosele movido un poco,

se la vuelve a colocar correctamente.

En 1936, a Antonio Orihuela lo vinieron a buscar

en un camión.

Delito:

-Ser amigo del alcalde socialista.

-Haber abierto un Casino Popular.

Le pegaron dos tiros

y en paz.

Como Ángela Benabat

no dejaba de gritar,

un muchacho le estuvo dando culatazos,

con su máuser,

en la cabeza,

hasta mancharse su bonita camisa azul.

Por los mismos conceptos

su nieto tendría ahora un trabajo fijo en el Ayuntamiento,

y estaría forrado

a base de estrujarles el alma

a cinco trabajadores,

-siempre menores de veinticinco años-.

A su mujer

le dirían: Señora.

Este poema se llama

Historia de España.

EL AHORCADO

Los niños me proponen un juego:

adivinar palabras.

Se marcan tantos espacios en blanco como letras

tiene la palabra a acertar

y se pinta al lado una horca.

En ella, por cada error,

se dibuja un miembro del cuerpo humano,

pierdes si,

antes de encontrar la palabra,

tus errores completan la figura del ahorcado.

Cinco huecos para mi palabra:

D O L O R

Recorren arriba y abajo el abecedario,

pero aún no encuentran en sus vidas nada semejante.

En el papel,

se balancea un muerto.

DESARROLLO SOSTENIBLE

En China, los niños juegan catorce horas diarias

a que trabajan

fabricando juguetes

para los niños de España.

Los pedidos para esta temporada

ya están en las tiendas

y la producción para el año que viene, asegurada.

Mientras queramos,

los Reyes Magos

seguirán viniendo de Oriente.

Al final de la comida
le he enseñado a mi madre
el libro de poemas
que acaban de publicarme.

La artritis de sus manos
apenas le deja mantenerlo abierto
y sus escasos años de escuela
recorren las palabras
como un niño que gatea
hasta hacer incomprensibles mis versos.

Loca de contento,
orgullosa de su hijo,
le lee un poema a mi padre
que la mira desde el sofá.

Cuando termina,
levanta la cabeza
y ve a mi padre dormido.

Lo despierta
y vuelve a comenzar
hasta tres veces
la lectura...

Yo no digo palabra,
pienso en los amos de la fuerza de los humildes,
en el tiempo delicioso que les robaron,
en la lengua que apenas les dejaron para comer
y reproducirse

en los profesionales del estilo,
en los críticos de las letras,

y en lo lejos que estará siempre
el pueblo sencillo y trabajador
de eso que llaman literatura.

WAY OUT

a Manuel Vilas

La poesía dejará de ser una cosa triste
cuando empiece a tener que ver con la vida de la gente,
cuando la gente vuelva a ser la que decida qué hacer
con sus vidas y con las palabras,
mientras tanto
todo esto que hacemos seguirá siendo
literatura.

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