17.12.07

Anfitriones e invitados


Es muy complicado ser anfitrión en muchas ocasiones, debes quedar bien con el invitado, hacer que se sienta a gusto, que todo le resulte cómodo y grato.

Dado que esto no es sencillo aunque esa persona sea muy cercana a ti o al menos sea alguien con quien tienes cierta sintonía, procuramos no invitar a los actos que organizamos a personas que no nos gustan, que nos van a resultar incómodas, que van a estropear este evento tan importante para nosotros, tan especial. No tiene demasiado sentido que el día que queremos estar rodeados de las personas más importantes en nuestras vidas optemos por hacer aparecer también a quienes aborrecemos, a quienes nos resultan odiosos, a quienes poco o nada tienen que ver con nuestras maneras, a aquellos que por no compartir no comparten siquiera el respeto a esta vida de la que en ese día especial vamos a disfrutar como nunca.

Claro que en ocasiones los compromisos o el deber o las circunstancias nos obligan en cierta manera a hacer cosas que no queremos o que, más aún, suponen justamente lo contrario a nuestros deseos. Si algún día hemos soñado con nuestra boda o discurso o premio o exposición ideal seguro que en ella no tenía cabida alguien que nos parece abominable. El problema es que el protocolo o las formalidades pueden llevarnos a trastocar irremediablemente ese día importante.

Al principio he pensado que quizás por esto último en el Congreso de Eusko Alkartasuna había un invitado llamado Pernando Barrena. Luego he pensado tan sólo un poco más y me he dado cuenta de que el protocolo no puede existir con alguien de su calaña y menos la formalidad o los formalismos. No me ha quedado más remedio que llegar a la conclusión de que este tipo ha entrado en la lista de invitados de ese partido por cercanía, simpatía o colegueo. Con colegueo me refiero a compartir un espacio, en este caso el político. Es decir, que según EA Pernando Barrena está a la altura de los demás dirigentes de los demás partidos políticos. Vaya, que es lo mismo el pacifista que el violento para estos menesteres, la víctima (todos los demás) y el verdugo (él y los suyos), la herida y la bala, la palabra y la piedra.

Pensemos un momento que soy un exagerado, que a todo le veo un lado negativo que sin duda alguna es inexistente, pensemos por tanto que en mi disertación he sacado punta a esto hasta que he quebrado el lápiz en mi ejercicio inequívoco de pensar que la sociedad en la que vivo lo rastrero está a la orden del día. En definitiva, olvidemos por un momento todo lo expuesto en los anteriores párrafos y quedémonos con un último hecho al que si busco una explicación volveré por mis fueros y, por lo tanto, simplemente dejaré aquí escrito para que cada uno le preste su personas e intransferible visión y reflexión: Pernando Barrena recibió una calurosa y prolongada ovación en ese congreso salvo cuando al subir al estrado para intervenir una minoría le abucheó.

Se dan tres hecho en la última frase, y los tres sin distinción son dignos de análisis: Ovación mayoritaria - Intervención - Abucheo minoritario.

Por si alguien necesita más datos: La ovación contó con muchísima gente puesta en pie, con Begoña Errazti entre esa gente, el abucheo contó también con la petición a Barrena por parte de alguna persona de la condena del atentado de Sestao y con la espantada de una veintena de militantes de EA durante la intervención del radical.


1 comentario:

Juan Fran dijo...

Y entonces por qué cuando yo mismo denunciaba estas cosas me llamabas fascista que no quiere la paz.