15.8.07

Esperando en el desierto

“Por las noches no teníamos nada que dar a la boca a nuestros hijos, cogíamos lo poco que teníamos, piedras y algo de agua, y las metíamos en un puchero. Entonces decíamos a los niños que íbamos a preparar la cena y removíamos suavemente con las manos aquellas piedras sumergidas en el agua. Así pasábamos un rato hasta que el sonido de las piedras nadando en el agua acababa por aletargar a las criaturas que caían dormidas tras la dura jornada. Ellos despertaban al día siguiente creyendo haber cenado la noche anterior. Era lo único que podíamos hacer”

Así relata una madre saharaui un episodio de los primeros años tras la expulsión de todo un pueblo de su tierra. Una injusticia olvidada como tantas, porque no interesa a nadie. España abandonó a su suerte a miles de personas, a un pueblo entero. Y hoy en día, a pesar de tantos y tantos voluntarios que hacen lo que pueden por mejorar la vida de estos hombres, mujeres y niños, siguen esperando poder volver a ver el mar.

El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprobó un plan de paz para el Sáhara Occidental que contemplaba un referéndum para que el pueblo saharaui decidiera libremente su futuro. Siguen esperando.

Y mientras ellos esperan el tiempo pasa, el desierto crece, el mundo se tapa los ojos. Ismael Serrano nos cuenta cómo un hombre espera en el desierto:

Un hombre espera en el desierto (Ismael Serrano)

La arena de los relojes
hizo crecer el desierto.
No digas que aquí hay silencio,
podrás decir que no oyes.

A los campos de Tinduf
no llega ese rumor de espuma
que el viento mecía en la duna
en que te amé una noche azul.

La piel de tu dromedario
me abriga como tus besos
y arropa el llanto del preso
aquel que te recuerda a diario.

Un hombre espera en el desierto
a que se tiña de gris el cielo,
a que me ames en hasanía,
a que devuelvan la melodía
que le robaron al viento.
La arena de los relojes hizo crecer el desierto.

Si nos asalta la noche fria
déjame pasarla en tu haima.
Si la arena se levanta,
mejor, así pasaré a tu lado más días.

Desde los acantilados
de Bojador cantan las olas:
"basta ya de derrotas".
El hombre del desierto esperó demasiado.

Un hombre espera en el desierto
a que se tiña de gris el cielo,
a que me ames en hasanía
a que devuelvan la melodía
que le robaron al viento.
La arena de los relojes hizo crecer el desierto.

La arena de los relojes hizo crecer el desierto.

1 comentario:

ENE dijo...

Hay tantas noticias q no interesan a nadie... Pero para eso estamos nosotros, para GRITAR y q la gente se de cuenta de q hay q cambiar las cosas. Sabes q eres una pequeña gran superpotencia de las k habla Ismael y gente como tu es lo q va a conseguir q EL MUNDO GIRE HACIA OTRO LADO. Muxutxu