8.8.07

Ehun urte


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Los scouts celebran su centenario regresando al lugar donde se fundó el movimiento en 1907

  • A unos kilómetros, miles de voces celebran un encuentro mundial en Chelmsford
  • 28 millones de personas han pronunciado este miércoles la promesa scout
Varios scouts alrededor del emblema de la flor de lis del movimiento en la ceremonia de Brownsea. (Foto: AFP )
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Varios scouts alrededor del emblema de la flor de lis del movimiento en la ceremonia de Brownsea. (Foto: AFP )


HYLANDS PARK (INGLATERRA).- El ceremonioso sonido del cuerno cudú ha regresado cien años después a la isla de Brownsea, el lugar donde Baden-Powell reunió el 1 de agosto de 1907 a 20 niños en lo que se recuerda como el primer campamento scout de todos los tiempos.

Este miércoles no eran 20 sino algunos cientos, dos de cada uno de los más de 160 países representados en Brownsea, y el cuerno lo hizo sonar Peter Duncan, famoso por haber presentado el programa infantil más conocido de la BBC y hoy jefe de los scouts del Reino Unido.

El cuerno fue sólo el inicio del amanecer scout, una ceremonia colosal trufada de banderas, himnos y pañoletas. A sólo unos kilómetros de la isla, el encuentro mundial de scouts de Chelmsford se ha desperezado en la mañana de este miércoles con miles de voces cantándose a sí mismas el 'Cumpleaños feliz' y ondeando las banderas del movimiento.

Alrededor de 45.000 jóvenes de todas las edades han renovado, cada uno en su propia lengua y con sus propios matices, la promesa scout, un compromiso de ayudar al prójimo y dejar el mundo mejor de lo que lo encontraron.

Hylands Park no es el único lugar en el mundo donde han resonado las palabras de la promesa scout. De Bután a Ecuador, de Taiwán a Kenia, 28 millones de personas la han pronunciado.

En Bucarest han formado una cadena humana en torno al Parlamento. En Malawi, lo han hecho desde la cima del monte Mulanji.

Reacción a la Guerra de los Boers

Todos con el mismo espíritu de futuro y la misma veneración por su fundador, un militar británico que dejó el Ejército espantado después de la Guerra de los Boers e inventó el escultismo, un movimiento camaleónico que ha ido sobreviviendo a los tiempos en diferentes formas.

El nieto del mismísimo Baden-Powell se ha plantado sobre el escenario y ha saludado a los espectadores como reencarnado en el cuerpo de su abuelo, largas patillas, camisa caqui y pelambrera al viento. Mientras, ellos disfrutaban del show, cambiaban firmas en las pañoletas y se dejaban llevar por la música de las bandas de gaitas y tambores.

No hay una, sino cientos de formas de ser scout. Tantas como cada país e incluso alguna más. Todo era igual y todo diferente. La marcialidad y las barbas ríspidas de los americanos, la serenidad oriental de los taiwaneses, la voracidad fotográfica de los coreanos, la pose retro de los polacos, el exotismo de las mujeres indias.

La mayoría de los scouts están ya en países musulmanes, muchos de ellos en Indonesia, donde el escultismo es obligatorio en las escuelas.

El encuentro mundial scout ha exigido un esfuerzo logístico y organizativo sobrehumano. Cientos de personas se las arreglan cada día para gobernar la seguridad y los suministros de una ciudad improvisada del tamaño de Soria, con sus supermercados, sus letrinas, sus iglesias, su mezquita, sus cajeros automáticos y sus restaurantes.

Más de 500 españoles

Perdidos en la marabunta, hay aquí algo más de 500 españoles, venidos de regiones como Andalucía, Murcia, Canarias o Cataluña. Como Fede, el canario que enseña a hacer tortilla de patata a los coreanos. O Vicente, el ferroviario valenciano que pone a machacar chufas a los húngaros y a los polacos, que se relamen cuando se toman luego una buena horchata.

Son algunos de los talleres del encuentro, donde se puede descubrir la artesanía, la gastronomía o los juegos de todos los países presentes.

Los scouts españoles han recorrido un largo camino desde que se crearan en 1912. Alfonso XIII y la República los respaldaron, pero Franco los prohibió y, al final de la dictadura, fueron floreciendo en las iglesias y en algunos colegios.

Ni todos son religiosos ni todos llevan insignias, sombrero y camisa caqui. La mayoría viven el escultismo con un espíritu desenfadado en las antípodas formales de la marcialidad de los de Wisconsin o Corea del Sur.

Hoy son un movimiento moderno, que tiene detrás un complejo programa educativo, desarrolla actividades que van mucho más allá de los campamentos y forma a los niños contra lacras como la violencia de género o la violencia homófoba.

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