29.6.06

Leizean Murgilduz II . Luis García Montero

Porque es nuestro hábitat natural de cada día. Porque todos vivimos en una, o en algo que se le parece. Porque todas son iguales y distintas. Porque hierve en ellas un todo que nos es familiar y casi no llegamos a comprender. Porque se unen vidas, palabras, silencios, verdades y mentiras. Porque somos ecosistema desde sus raices de barro hasta las copas de sus árboles de hojas de vidrio y metal. Porque cualquier sueño y cualquier pesadilla conviven en ellas y se confunden, se mezclan como todo se mezcla y funde en ellas. Las habitamos como ellas nos habitan y no se sabe bien si las odiamos o queremos. Desde la miseria hasta el poder. Tu eres y ellas son en tí. Porque sí.

Hoy Luis García Montero.

LA CIUDAD
Se hacen de hormigón y de cristal,
de lugares extraños y gentes ocupadas.

En todas crece un árbol
delante de la casa de un suicida
y hay niños que acostumbran a dormirse
soñando con un perro.

No faltan desayunos en hoteles lujosos,
ni tampoco familias con jardín,
pero son más frecuentes
los portales oscuros con pareja de novios,
el beso frío,
la rosa de cemento en la ventana.

Las calles desembocan en plazas descompuestas,
las tardes de domingo en las cafeterías
y el humo de los coches en los ojos del loco
que murmura sus años
y los cuenta sin fin
de metro en metro.

Al salir de los túneles sentimos
que los cielos de agua
son igual que una carta del pasado,
y suele comprenderse
que la vida es un arma lenta y de doble filo
en los pasos sin nadie,
en las noches vacías
o en la debilidad que tienen
las ciudades por los cines de barrio
y por las taquilleras muy pintadas.

A pesar de los plátanos, los olmos y los tilos,
a pesar de la hierba, si es que hablamos del Norte,
La gente que nos mira,
la gente que se salta los semáforos,
la que fluye delante de las tiendas,
necesita el amparo
de otra vegetación,
un sigilo de números y tarjetas de crédito
que extiende sus raíces por los sótanos
y busca soledad en los desvanes
como los muebles y las ratas viejas.

No es inútil viajar,
porque es cierto que todas las ciudades
amanecen de un modo parecido,
pero la noche llega en cada una
de manera distinta.

De día pueden verse
secretarias, conserjes, policías,
músicos callejeros y soldados,
dependientas que escuchan y sonríen,
oficinistas con olor a instancia,
conductores, extraños sacerdotes,
ejecutivos humillados.

Igual en todas partes,
porque apenas existen los kilómetros.

Pero existe la noche,
la soledad que borra los oficios
en un mundo habitado solamente
por hombres y mujeres,
confidencias de amarga valentía.

En las ciudades pueden encontrarse
relojes que se paran en la última copa,
la luna sobre un taxi
y todos los poemas que te escribo.

2 comentarios:

El Tito Dixebra dijo...

Oye, que tu blog mola la hostia, aunque no escriba, que conste que siempre leo.

Así que sigue así!

Oskar dijo...

Muchas gracias majo, ahora con el verano esto estará más paradito supongo pero prometo seguir dándole...